Sábado 26 Mayo 2018

Miedo a ser feliz

  • Jueves, 26 Abril 2018 16:22
  • Escrito por  Fernando Azor

Quizás parezca absurdo, que alguien tenga miedo a ser feliz. En cualquier caso ocurre, no por casualidad y más de lo esperado.

Cada día nos enfrentamos a diferentes malestares, retos, horarios, diversiones, sueño, cansancio… Pero entre medias buscamos sentir, ilusión, placer, reírnos un rato… Planificamos viajes, nos apuntamos a una competición deportiva, nos apuntamos a clases de fotografía, ¡qué sé yo! a cada uno lo que le motiva o le pones las pilas. El caso es que cuando se alcanza el bienestar, hay algunas personas a las que les produce temor poder perderlo. Es frecuente que si han habido periodos anteriores en los que no se han sentido bien, en los que el malestar dominaba, el miedo a estar bien se mantenga de fondo.

Algo lógico en realidad, pero si no se resuelve es posible que influya a la hora de no poder conseguir una tranquilidad completa. Tener miedo a ser feliz puede hacer que sin querer boicoteemos nuestro bienestar, que constantemente chequeemos cómo nos sentimos y que al final nos provoque el malestar del que huíamos. Es como la profecía autocumplida.

Tener miedo a ser feliz, también potencia una actitud algo mágica. Parece que el hecho de ser feliz es algo de lo que no hay que alardear: “a ver si al final por decirlo se va a estropear”. La verdad que pensarlo así es como creer que hay una especie de ser superior, un dios, un manitú, que está esperando a que nos sintamos bien para castigarnos por sentirnos así. La realidad es que nuestros miedos son los que actúan en nuestra contra, y por eso somos nosotros quienes podemos acabar alimentándolos.

Estar preocupado por lo que puede salir mal, ayuda a buscar soluciones. Lo malo es que puede también precipitar estados de alarma mantenida, e incluso algún que otro pensamiento mágico: “a ver si por no estar atento a lo que puede salir mal, me acomodo y por vago luego lo acabo pasando peor”. Pensamientos como este pueden hacer que no nos permitamos estar tranquilos, y que sin desearlo estemos siempre manteniendo las preocupaciones en nuestra cabeza.

Creer que quedarnos muy quietos y no hacer nada, nos permitirá seguir manteniendo el bienestar que vamos consiguiendo es muy peligroso. El bienestar es algo dinámico, no es estático. Cuando no lo trabajamos a diario, vamos perdiendo a poquitos algo de calma, ilusión, motivación, etc. En algún momento podemos llegar a sentirnos bien, pero sólo porque sentimos que no estamos mal. Es decir, no porque lo que hacemos nos divierte, o nos anima, sino porque no estamos tan mal como hemos podido llegar a estar. Si esto ocurre, la siguiente etapa será estar peor.

Es mucho más útil reconocernos que estamos bien, compartirlo y crear una conciencia de ello, para que así tengamos una vivencia más realista de lo que vivimos, de lo que está bien y lo que está mal. Podemos hacer que nuestra vida sea mejor si somos capaces de identificar los momentos buenos y los malos. De esta forma podremos repetir lo que nos funciona y alejarnos de lo que no.

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