¿Es bueno imaginar lo peor para que te pille preparado?

Parece que ser capaz de imaginar lo peor acabará calmando. Es una idea bastante extendida. La realidad es que es cierto pero con matices muy importantes. Si lo que buscamos es adelantarnos a lo que vendrá, pero con la idea principal de encontrar siempre una solución a cada amenaza, lo normal es que se produzca el efecto contrario: que estemos todo el tiempo con sensación de peligro y amenaza por todo lo que puede pasar.

Para que sea realmente útil pensar en lo que ocurrirá, hay que hacerlo afrontando lo que podemos cambiar y lo que no. Es decir que saber que puedo suspender un examen que hice ayer, implica que no debo buscar más certezas o soluciones de las que tengo a mano. En el artículo que dediqué a las predicciones realistas y a su beneficio psicológico se detallan bastante bien estos argumentos.

Cualquier persona medianamente inteligente, cuando detecta que algo puede no salir bien, cuando ve que algo es peligroso… busca soluciones antes de que los problemas vayan a más. Por tanto pensar en solucionar cosas está genial, el problema viene cuando creemos que todas las situaciones pueden resolverse incluso antes de que sean un problema. Situaciones del día a día como son la preparación de vacaciones o celebraciones familiares, el encajar muchos objetivos en un periodo de tiempo excesivamente corto, querer la aprobación de unos compañeros o un jefe, acabar de montar unos muebles para la casa, son entre muchas, situaciones que pueden llevarnos a pensar en los problemas que tendremos. En algunos casos nos pueden enquistar en una actitud de búsqueda  sin fin sobre lo que pasará y sobre las soluciones que ya hay que poner para que no pase.


Así pues, ante la tendencia a imaginar lo peor, habría que insistir: está bien que sepamos lo que pasará, pero habrá que ser capaz de entender y/o aceptar lo que no se cambia.

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Fernando Azor

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Felipe Gallego

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