NUEVOS RETOS

El comportamiento electoral y las decisiones de los ciudadanos en cada elección supone un indicador importante para medir y prever los cambios en el sistema político, sobre todo en los ámbitos del sistema electoral y de sistema de partidos. Las elecciones catalanas nos han ofrecido un avance de las inclinaciones del electorado que busca formaciones nuevas, que ya no tiene miedo al cambio y que castiga sin piedad a los populistas y a aquellos que no contribuyen en la solución de los problemas, sino que participan en la creación de los mismos.


Las eleccionesen regímenes competitivos cumplen varias funciones una de ellas, quizá la más conocida y relevante es la de la elección de los representantes, que un régimen parlamentario como el español supone además la elección de los gobiernos (ejecutivos). También tienen como función constituir la estructura del sistema de partidos, número de partidos, tamaños y tipos de partidos, distancias ideológicas entre ellos y grado de institucionalización de los mismos. En este sentido, las elecciones catalanas han contribuido a afianzar un nuevo sistema de partidos, donde Ciudadanos es el principal y mayoritario, el nacionalismo ha vuelto a dividirse en dos, izquierda-derecha como en el pasado, PP y CUP tienen una presencia marginal en la vida parlamentaria, el PSC tiene la misma presencia que en las anteriores elecciones y las confluencias de Podemos descienden en apoyo popular. Además, las elecciones aportan legitimidad al sistema político, y aunque las mayorías pueden formarse a través de coaliciones poselectorales, nada impide que se permita gobernar a la fuerza más votada y que esta busque alianzas para llevar a cabo sus compromisos electorales, con acuerdos puntuales. En todo caso, el respeto a los procesos democráticos pasa por reconocer el papel de los representantes y el control que el Parlamento debe realizar al gobierno.
Existe una cuestión en las elecciones catalanas relevante, siendo unas elecciones de segundo orden, donde la participación suele ser menor que en las Generales, en estos últimos comicios la participación ha superado el 81%, considerándose histórica. La movilización de la abstención ha posibilitado que por primera vez en la historia reciente de España un partido no nacionalista gane en votos y escaños.
Las elecciones pueden ser, además, un elemento para el reclutamiento de la élite política o servir para la canalización del conflicto político por vías pacíficas. La estratificación social rígida o el ejercicio de diversas formas de violencia y de su negociación contribuyen a disminuir la función de las elecciones en esas materias.
Por tanto, estas elecciones deben valorarse más por lo que significan de tendencia de futuro con la consolidación de nuevos partidos que hacen que haya que variar las formas de gobernar y que el diálogo y las alianzas sean la fórmula para constituir los gobiernos, sin imposiciones ni mayorías absolutas. Con un aviso importante a los que no contribuyen a formar gobiernos y buscan el enfrentamiento y el populismo en sus acciones políticas (Podemos y CUP), a estos los electores los abandonan.


Juan Andrés Díaz Guerra

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