DE LA ACTITUD DE SOCIOS Y CONSEJOS

No deja de sorprenderme lo difícil que es para los seres humanos desprendernos de hábitos que no son nada ecológicos para nosotros. A pesar de que hayamos tenido muestras de lo que mejoraría nuestras vidas dejar esos y adoptar otros, salir de nuestra zona cómoda conocida nos cuesta a veces muchas oportunidades.
 
Por otro lado, muchos hemos comprobado lo difícil que es encontrar un socio en el que confiar para llevar cualquier proyecto o negocio a cabo, ya sea familiar, profesional o de ocio. Requerimos tantos condicionantes para correr esa aventura que a veces nos enredamos a nuestro pesar en esa búsqueda, dejando que mueran o no se desarrollen nuestros proyectos.
 
Pues si unimos estas dos cuestiones y añadimos política y administración. Imaginen la siguiente historia.

De repente un día se levantan ustedes y comprueban como su mayoría en el Consejo de Administración ha desparecido y se ha dispersado obligándole a tener que negociar todas las decisiones trascendentes con otros tres sentados en la misma mesa. Entiendo que como la sorpresa es mayúscula y necesitan tiempo de duelo, lo primero sea un ataque de pánico, pero de repente, hay que ponerse las pilas o pierde el tren.
 
En su primera mirada a la mesa del Consejo se ve más afín con uno de los socios participantes y tragando saliva dirige su minoría mayoritaria a tratar de amarrar un acuerdo que le sea cómodo y le permita seguir otros cuatro años más dirigiendo el Consejo.
 
El socio minoritario al que se dirige, no sólo le recibe como si fuese lo normal negociar entre socios, sino que le expone claramente las cuestiones que, sin ser contrarias a su planificación, la mejoran y complementan. De ahí surge un acuerdo.
 
Se pone en marcha el Consejo que va año tras año aprobando los presupuestos, entre los dos socios, e integrando en sus políticas las de su socio minoritario lo que hace que mejore su gestión desde muchos puntos de vista, mejorando el dividendo de los accionistas, ahorrando costes, optimizando recursos y manifestando que el socio minoritario, además de dar estabilidad, sin amenazar, ni confabular, en ningún momento, sólo se proponía mejorar la vida de los accionistas.
 
Cuál es la sorpresa del socio minoritario cuando en el último año del acuerdo, cuando ya no se le necesita porque el presupuesto de ese último año está aprobado y las políticas integradas y están a escasos meses de renovar el Consejo, el socio mayoritario no sólo ignora todos estos años de ayuda y estabilidad, sino que hace parecer que nunca existió.
 
Eso da una impresión clara de quien nunca tuvo actitud de negociación y de sumar sino de sobrevivir, disimulando sus hábitos de autoritarismo e imposición  y aplastar. El camino de un Consejo es largo y tedioso y a veces esas actitudes se acaban pagando porque ya lo dice el refranero español “es de bien nacidos, ser agradecidos”. Puede que el socio mayoritario pase a ser minoritario solo por no saberse adaptar a los tiempos y hacer que su Consejo de Administración se vaya al garete por su propia actitud. Nosotros agradecemos a los accionistas que vean más allá de la propaganda que entre todos pagamos.
 
Aruca Gómez

Compartir este artículo

Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

Edición Impresa Actual