La Corrupción del PP. Populistas y Peligrosos.

Tras el Pleno del mes de abril, en el turno de ruegos y preguntas, un vecino de Tres Cantos preguntó a los grupos municipales su opinión sobre lo que estaba ocurriendo en el PP de la Comunidad de Madrid. No se hablaba de otra cosa: la detención del ex presidente de la Comunidad Autónoma, Ignacio González, y de sus supuestos cómplices por delitos como organización criminal, prevaricación, malversación, blanqueo, fraude y falsificación documental.

La respuesta del Alcalde Jesús Moreno a este vecino fue antológica, “Si Usted lee historia, es un mal endémico de las personas, siempre ha habido corruptos desde la época romana, los griegos, la época moderna y hoy. Si somos sectarios solo nos preocupa una parte mínima. A mí no me gusta echar porquería a los demás, pero si vemos el caso Malaya, de los ERES de Andalucía, el caso de los Pujol, del caso Noos, el caso del PP estamos hablando (sólo) de 420 millones de euros…”
Venía a decir que la corrupción es algo inherente al ser humano y por lo tanto jamás se erradicará. Que le puede pasar a cualquiera. Siento discrepar. Corromper y corromperse es una decisión consciente, que se produce en una cultura organizacional concreta.
¿Hablamos de la cultura española de tópicos, que nos lleva a ser juerguistas y pillos cuando tenemos ocasión? No, hoy hablamos de la cultura de las élites españolas que nunca tuvo que vérselas con una revolución que eliminara privilegios. El franquismo sociológico lastra nuestra democracia y normaliza todavía la corrupción. El régimen utilizaba para mantenerse el control social a través del púlpito y la escuela nacional-católica, y también el miedo a la persecución, imponiendo “no significarse” so pena de detención, torturas, cárcel, etc. Pero el mecanismo más eficaz porque creó lealtades inquebrantables, era la corrupción de las élites del régimen, por el que quienes tenían más interés en la continuidad (del susodicho régimen) se apoyaban entre sí, repartiéndose el pastel con toda clase de privilegios, nombramientos, sobresueldos y auténticas fortunas expoliadas.
Durante la transición, Alianza Popular nació para incorporar a nuestra democracia los cargos políticos del franquismo y sus prácticas corruptas. Tanto Fraga como Aznar reconocieron la existencia de una red de pagos en B y sobresueldos para su gente. Todos los tesoreros del partido sistematizaron los sobornos de empresarios amigos con una contabilidad cuanto menos, creativa.  Sin embargo, fue con la burbuja inmobiliaria y la privatización de empresas públicas cuando se repartió dinero como nunca y se ganaron mayorías absolutas. Esos resultados electorales, gracias en parte a la financiación ilegal de las campañas, reafirmaron al PP en su corrupción, porque parte de la población asociaba corrupción y prosperidad económica. Y siguen haciéndolo.
Sin embargo, según estimaciones recientes, la corrupción nos cuesta 87.000 millones de euros al año y nos ha privado de una economía desarrollada y diversificada, en lugar de oligopolios y burbujas de pan para hoy y hambre para mañana. Cada español, en su presupuesto anual, paga 800 euros en concepto de corrupción, pero muchos con su voto siguen más que dispuestos a seguir dejándose robar, y a que nos roben a todos. Son los amantes del “orden”, que mantiene todo en su sitio mirando para otro lado cuando de corrupción e injusticia se trata. Justifican su voto cómplice en que “todos son iguales” o “mejor lo malo conocido”.
Mientras el Alcalde intentaba explicar la corrupción en la condición humana, las caras de sus compañeros de partido eran un poema. Todos sus mentores del PP en la Comunidad de Madrid, pillados y encarcelados. El día que José Folgado pasó el bastón de mando de Alcalde a Jesús Moreno, en primera fila del salón de Plenos les aplaudían Esperanza Aguirre y su valido Ignacio González. Justamente el día anterior, se había desvelado que Ignacio González tenía un ático de lujo en Estepona, presuntamente producto del cohecho y el blanqueo de capitales. Sabían pues que estaban siendo aplaudidos por corruptos y corruptores. La trama criminal de Ignacio González empezó a operar desde tiempos de Alberto Ruiz-Gallardón, el primero que inició la privatización que permitió el saqueo del Canal de Isabel II. Por eso hace ya una década nació la Plataforma contra la Privatización del Canal de Isabel II, para denunciarlo.
Cuando es obvio que uno se ha equivocado, confiando en quien uno no debía, se suele tomar la determinación de no volver a confiar en esa persona. Pero en nuestro país, cuando los poderes fácticos que sostienen la corrupción ven disminuir la confianza de los votantes, recurren al toque de corneta. Sacan símbolos que no son sólo suyos, y con eso desparece todo atisbo de pensamiento crítico, se fomenta la hostilidad hacia quien no venera los mismos símbolos y se restaura la fe ciega en quienes mienten, manipulan y roban.
Aunque intenten caricaturizarnos a quienes creemos que la política debe ser otra cosa, ha quedado claro quiénes son los realmente peligrosos y populistas. Y Ustedes ¿Volverían a confiar en ellos?

Natalia Muñoz-Casayús
Concejala de Ganemos Tres Cantos

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