Sábado 21 Julio 2018

MAYO DEL 68

  • Martes, 19 Junio 2018 12:18
  • Escrito por  Julio Narro

Mayo de 2018 nos ha dejado intensas lluvias y fuertes tormentas. Ha concluido con una revuelta donde las fuerzas políticas vuelven a juntarse como en los tiempos de la II República española. Mayo de 68 (1968) fue peculiar por otros motivos. Es otra historia. Por aquel entonces, las guerras de Vietnán y de Argelia habían provocado una fuerte reacción, la economía mostraba signos de decaimiento, las barriadas de las grandes ciudades estaban repletas de gentes llegadas del campo, triunfaba el movimiento hippy, y llamaba la atención los experimentos de Cuba y de la revolución cultural china. Y en aquel conglomerado de sensaciones, en Nanterre, los estudiantes de la generación nacida después de la II Guerra Mundial, estallaron en protesta contra una universidad, que tenía buena calidad, pero rígida estructura.

La “¡imaginación al poder!”, “¡prohibido prohibir!”, “¡vivir sin tiempos muertos y gozar sin trabas!”, “¡vivir el presente!”, son muestra de lo que gritaban los estudiantes en las barricadas. Aquello no tenía proyecto político, ni pretendía ocupar el poder. Era, por decirlo de alguna manera, una toma de conciencia, una catarsis. A la protesta estudiantil, se unieron otras fuerzas, y el país quedo paralizado en la huelga más importante de la historia de Francia. Después, a primeros de junio, los obreros recibieron importantes mejoras, las estaciones de servicio tenían gasolina, y los franceses se fueron de fin de semana como si no hubiera pasado nada.

Y, sin embargo, el movimiento que reclamaba más libertad en la esfera privada, cuestionó la esfera pública. La mayor reivindicación –la aspiración a la felicidad aquí y ahora- dio origen a una nueva moral (si así se puede llamar) social que rechazaba cualquier compromiso. Como decía Eric Hobsbawn (historiador marxista) “los grandes logros (de la revolución del 68) no iban a ser el derribo del capitalismo o ni siquiera de algunos regímenes opresivos o corruptos, sino la destrucción de las pautas tradicionales de relación entre personas y de conducta personal en el seno de la sociedad”.

El mayo francés dio cauce a muchas causas distintas, como el ecologismo, la libertad sexual, la educación igualitaria, o el feminismo. Significó la libertad de la contracepción y el aborto, el deterioro de la autoridad paterna o de cualquier otra clase, la posibilidad de las mujeres de abrir una cuenta bancaria sin autorización del marido, la igualdad profesional entre hombre y mujer. A la vez, significó el triunfo del relativismo moral e intelectual que, para algunos, es la causa de todos los males actuales. Para Nicolás Sarkozsy fue un movimiento “que confundió el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo”. Y decía: “al proclamar que todo estaba permitido, aquel movimiento consiguió que desapareciera el concepto de autoridad.

Mayo del 68 ha construido una ética que relativiza toda norma moral, negando su valor absoluto e incondicional y, por tanto, permite que sea el poder quien, a su arbitrio, decida cuáles son los actos lícitos o ilícitos. Este sistema social, al amputar la dimensión de lo absoluto, recuerda la narración bíblica de la construcción de la Torre de Babel cuando los hombres pretendían edificar una torre que llegase al cielo para alcanzar la felicidad y el poder, sin Dios, como si Dios, Sumo Creador de todas las cosas, no existiera. El resultado fue la confusión de lenguas y la lucha entre los humanos.

La estadística refleja lo que ha significado, para las personas, el cambio de actitudes. En España hubo 232.216 matrimonios en el año 1968. En 2016, con una población superior, la cifra de matrimonios se redujo a 171.023, y de cada tres matrimonios, se rompen dos. Una de las causas básicas de estos resultados es la falta de compromiso en esta sociedad de consumir y tirar, sin el mínimo esfuerzo. Lo que funciona es: “lo quiero todo y en el momento y sin compromiso y, a la primera de cambio, me quito lo que estorba”. Es una curiosa forma de buscar la felicidad, que siempre acaba en traumática ruptura. Para evitarlo, se usa el método de la unión alternativa temporal. Con ello se sustituye un gran fracaso por una serie de minifracasos, pero la felicidad queda muy lejos. Tan lejos como esa ideología que se nos trata de imponer a pesar de tener ya cincuenta años.

Modificado por última vez en Martes, 19 Junio 2018 12:23

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