Hagamos un buen trato

En la educación de los niños y niñas está el futuro. Y está su presente. Cada día que convivimos con ellos y ellas tenemos la oportunidad de ayudarles a crecer sanos desde el concepto amplio del término “Estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad” según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y en eso los progenitores y todos los agentes educativos y sociales tienen la oportunidad única y maravillosa de contribuir con su buen hacer.

 

En la educación de los niños y niñas está el futuro. Y está su presente. Cada día que convivimos con ellos y ellas tenemos la oportunidad de ayudarles a crecer sanos desde el concepto amplio del término “Estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad” según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y en eso los progenitores y todos los agentes educativos y sociales tienen la oportunidad única y maravillosa de contribuir con su buen hacer.

En este siglo tenemos un gran reto, potenciar las capacidades de nuestro cerebro emocional -intuitivo, social y empático, creativo y plástico- en nuestro favor y el de otros/as, para superar obstáculos con pequeñas -o mayores- muestras de empatía, lo que ayudará a los niños y niñas a crecer en entornos positivos. Ha llegado el momento de que pongamos el foco en el Buen Trato, en la PREVENCIÓN en mayúsculas.

Y es que es posible la parentalidad positiva, que se basa en tres condiciones: conocer, proteger y dialogar.

  • Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo.
  • Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres y madres, sentirse protegidos y guiados.
  • Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos y humillantes

 

TODOS/AS, con una nueva visión de la educación, vamos a adentrarnos en el mundo de los BUENOS TRATOS, donde hay igualdad de verdad. Y es esta historia,  una ilusión por la que ya estamos luchando, un pequeño ejemplo de lo que cada vez más, entre TODOS/AS, podemos llegar a hacer realidad................. .

Hagamos Un Buen Trato

 

A la salida del colegio María, Antonio y Fran tenían que llegar a un acuerdo.

Llevaban días hablando de cuando prepararían los disfraces para el carnaval y el tiempo se les echaba encima, solo faltaban seis días y aún no habían decidido tan siquiera de que irían disfrazados.

Antonio, que era el más mandón del grupo, salió el primero de clase, para que cuando María saliera por la puerta pudiera tirarla de la trenzas y recordarle ¡ Qué aún no tenían los disfraces!.

- Tienes razón, Antonio, los disfraces aún no están preparados. Llevo días diciéndooslo y nunca tenéis tiempo.

Fran bajo la cabeza haciéndose el despistado, como si la cosa no fuera con él. – Tú Fran.- dijo María.- ¿qué has pensado?

- No sé, la verdad es que a mi me da igual, lo que vosotros decidáis.

- No insistió María esto es una decisión de todos.

Antonio que creía tener siempre la razón, creyó que podía decidir por los tres.

- Yo ya lo dije, nos disfrazaremos de lo que queramos ser de mayores, así cada uno irá de algo que le guste.

- Vale.- Dijo Fran- A mi me da igual.

María se quejó.- Ya, pero yo preferiría que todos fuéramos de algo igual, como un grupo y que se notara que somos amigos.

- La idea no es mala, pero claro- dijo Antonio- yo me voy a disfrazar de futbolista y tú que eres chica no creo que puedas disfrazarte de futbolista ¡Eres una niña!.

María se quedó pensativa “¿una niña no puede ser futbolista?”. Claro pensó, todos los futbolistas son niños.

- Ya .- Dijo María.- y entonces ¿Yo no podré ir con vosotros en el grupo?

- Si.- Le dijo Antonio- tú puedes disfrazarte de animadora, a los futbolistas les gusta tener chicas que les animen.

 

María se fue aquella tarde a casa muy triste. Consideraba que aquel acuerdo al que habían llegado era un Mal Trato. Porque después de todo, ella no quería ser animadora, no quería disfrazarse de algo que no le gustaba. Su amigo le había dicho lo que no podía ser  y no había tenido opción para decidir.

 

Aquella tarde, como todas las tardes, a  las 18:30 llegó su padre a casa. Y como siempre, todas las tardes los primero que Juan, el padre de María, hacía al llegar, pasó a la habitación de María para darle un abrazo y preguntarle como le había ido el día.

Pero a diferencia de otras tardes, María no se giró rápidamente sobre su silla para devolverle a su padre la sonrisa con la que le recibía. Absorta miraba por la ventana y se preguntaba ¿seguro qué podría llegar a ser lo que quería ser de mayor?

- María, ¿qué tal?- Pero no fue suficiente con decirlo una vez, hubo de repetirlo tres veces para que María girara la cabeza ¿cómo estas cariño?

- Bueno papá, algo triste.

Juan dejó sobre la cama de María el abrigo que aún sostenía en sus manos y mirando fijamente a los ojos de su hija le insistió ¿qué te ha pasado?.

María relató con detalle todo lo que había pasado con Antonio y Fran. Cogiendo con afecto sus manos, éste le dijo:

- María tu sabes con certeza que quieres ser de mayor. Recuerdas aquel día que fuimos al hospital cuando nació tu primita Adela. Recuerdas como mirabas todos los aparatos de la habitación, como escuchabas con atención las palabras de las enfermeras y con que curiosidad observabas el material que manipulaba el personal del hospital. Recuerdas como al salir de allí, miraste a mamá y le preguntaste ¿los médicos siempre trabajan para que nazcan los niños? – Sí- te constató mamá. Pero hacen muchas cosas más. Nos ayudan cuando nos duele algo, curan enfermedades, previenen otras, investigan nuevas vacunas y modos de tratar problemas físicos….. hacen muchas cosas.

Después de aquella conversación volvimos toda la vuelta a casa sin escucharte una sola palabra. Estabas como pensativa, preguntándote cosas a ti misma, y yo creo que de algún modo, preguntándote  si aquello te gustaría hacerlo a ti de mayor. Nunca he visto más brillo en tus ojos, que al llegar a aquella tarde a casa y después de cenar, justo antes de acostarte, te acercaste a mi y me dijiste.- Mira papá hoy me he lavado fenomenal los dientes, así no habrá bacterias que hagan daño a mis encías. Supongo que esto hace mucho tiempo esto no se sabía, verdad papá? Seguro que algún médico lo investigo y lo descubrió. A mi me gustaría descubrir cosas sobre nuestro cuerpo y las cosas que le hacen daño, así podremos evitarlas, como lavarse los dientes, verdad papá?. Creo que quiero ser médico.

Desde ese día acumulas libros sobre el cuerpo humano, te gustan los documentales de ciencia y nos has hecho comprar el botiquín más completo que había en la farmacia. Serás lo que quieras ser, va a depender de tus ganas y lo importante, es lo que aprendas por el camino.

- Gracias papá. Me has ayudado mucho.

 

Seis días después, llegó el día del carnaval. Antonio se imaginaba a María disfrazada de animadora, con Pompones, una falda corta y dos coletas a cada lado. Pero al verla se quedó algo más que sorprendido.

- Pero de que vas.- Le dijo Antonio.- No has cumplido el trato, no vas de animadora.

- Es que pensé que a mi me hubiera gustado llegar a UN BUEN TRATO entre todos.  Un trato en el que se hubiera tenido en cuenta mi opinión, no hubieras decidido por mi y menos, pensando en lo que a ti te gustaría, tener una animadora. Los amigos deben de escucharse, respetarse, llegar a acuerdos y animarse pero de otra manera. Tú puedes pensar que las chicas no pueden hacer algunas cosas, pero creo que te equivocas, podemos ser lo que queramos. Y yo no quiero ser animadora.

Dándose media vuelta María se unió a un grupo de niños de su clase, con su bata blanca, su estereoscopio, el carnet que acreditaba que era la médico titular del equipo de fútbol y eso sí, una gran sonrisa en los labios.

- Te has pasado.- Le dijo Fran a Antonio.- Me ha parecido una gran idea que María haya venido disfrazada de lo que quiere ser. La próxima vez creo que deberíamos preguntarla como ella nos hizo a nosotros, tener en cuenta su opinión y pensar que ella puede ser algo más que lo que nosotros queramos que sea. La verdad es que a mi me daba igual de que disfrazarnos, pero no me da igual lo que le dijiste a María.

 

Antonio, pensativo y arrepentido se acercó a María y le dijo: creo que después de todo esto he entendido la diferencia entre un buen y un mal trato. Tú me lo has enseñado. Gracias y lo siento.

 

María, que sabía que si ella hubiera aceptado ir de animadora también hubiera sido responsable de no defenderse, le miró con cariño y le respondió: para la próxima sólo aceptaré UN BUEN TRATO.

 Y aquel Carnaval fue el más divertido que recordarían jamás. Dos futbolistas y una médico, ¡qué original verdad?

 

Compartir este artículo

Fernando Azor - Psicología

Felipe Gallego

Edición Impresa Actual