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Felipe Gallego

Ramiro Pinilla se ha ido dejándonos esta joya

El comentario de hoy es un homenaje al escritor Ramiro Pinilla, que murió en octubre pasado y  que ganó el Nadal y fue finalista del Planeta, que hizo de su Guecho/Getxo (Vizcaya) natal, el lugar de operaciones de  las actividades de Samuel Esparta,  cuyo nombre es un homenaje al detective de Dashiell Hammett el inflexible, irónico y duro  Sam Spade, que llevó a la pantalla Humphrey Bogart en El halcón maltés realizada en 1941 por John Huston.

 

Cadáveres en la playa.

 Autor: Ramiro Pinilla.

Editorial: Tusquets, 2014.

 248 páginas.

Precio: 19 euros

ISBN: 978-84-8383-950-8

El comentario de hoy es un homenaje al escritor Ramiro Pinilla, que murió en octubre pasado y  que ganó el Nadal y fue finalista del Planeta, que hizo de su Guecho/Getxo (Vizcaya) natal, el lugar de operaciones de  las actividades de Samuel Esparta,  cuyo nombre es un homenaje al detective de Dashiell Hammett el inflexible, irónico y duro  Sam Spade, que llevó a la pantalla Humphrey Bogart en El halcón maltés realizada en 1941 por John Huston.

Ramiro Pinilla (Bilbao, Vizcaya, 13 de septiembre de 1923 – Baracaldo, Vizcaya, 23 de octubre de 2014).

Sus biógrafos dicen:”A los quince años era ya un lector compulsivo que intentaba evadirse de la dura posguerra y que pronto empezó a escribir sus propias narraciones. Trabajó en la marina mercante, como maquinista naval, pero era una profesión muy dura que decidió abandonar. Después lo hizo en una fábrica de gas de Bilbao, se casó y por las tardes escribía los relatos que se imprimían al dorso de una colección de cromos,” del que despidieron por no dedicarse por entero, porque, por la noches, se dedicaba  a la narrativa extensa.

Creó en 1978 con el también escritor J. J. Rapha Bilbao  Ediciones Libropueblo, una experiencia editorial desarrollada en el País Vasco hace treinta años por escritores que también funcionaban como editores, distribuidores y vendedores.  

La historia, de esta su última novela, comienza cuando el librero Sancho Bordaberri recibe a Juana Ezquiaga que le cuenta lo que  un octogenario bañista de la playa de Arrigunaga, Higinio Sanjuanena le relata sobre lo sucedido una   noche  de julio de 1937, en su playa.

La entrevista en el fondo de la librería Bletza se realiza en 1972, mientras en los bares del pueblo se hacen apuestas de cuanto le queda a Franco:

“¿Sigues en activo, Sancho? – Hace unos minutos he decidido contratarte…..”

Más adelante en la página diecisiete después de contarle  el  asesinato de Estebe Barrondo, el hombre que amaba y que ella tuvo escondido en su casa,    y  los posibles sospechosos  de su muerte, Juana le dice:

  • “Uno de los cuatro. Sus amigos de toda la vida. En estos treinta y cinco años he creído en el dolor de cada uno de ellos, pero había un traidor…… Búscamelo.”

Entonces el dueño de la librería, deja su nombre Sancho Bordaberri y su aspecto  de librero, disfrazándose de Sam Esparta, traje oscuro, camisa blanca, corbata, zapatos brillantes, gabardina y un sombrero clásico.

En su ayuda y  aparece su antigua secretaria Koldobike, que acude a la llamada del misterio y la investigación.

Los dos organizan un plan de investigación que se inicia por realizar una entrevista con el viejo Higinio para recibir la versión directa de lo que vio aquella noche, donde, además de nuestro asesino, había en la playa  cinco falangistas que le habían dado el paseo a nueve personas que ellos habían sentenciado a muerte como sospechosos de ser republicanos.

En 1972 las mareas trasversales, según el ingeniero del ayuntamiento, están vaciando la playa  de arena y los cadáveres que guarda  pueden aparecer.

El alcalde es presionado por los gerifaltes del pueblo  para que solucione la pérdida de arena que puede poner de manifiesto sus crímenes políticos, en el marco de una España pendiente de los últimos días de la dictadura.

Bajo la presión del detective Samuel Esparta y su ayudante en falda de tubo,  la fiebre de la  culpa persigue  a los amigos del muerto.

Los antiguos asesinos falangistas  están tan revueltos que actúan de forma mafiosa.

Hasta Juana, la instigadora de la investigación, pide que finalice la misma ante presión, que ella ha desencadenado y está dañando su entorno.

Samuel Esparta, prosigue su plan y consigue desenmascarar al asesino.

El autor nos trae una novela con todos los ingredientes clásicos, pero no hay la sordidez de sus admiradas novelas de los autores que Sancho Bordaberri/Samuel Esparta consideran a la altura de los grandes escritores de las novelas no policiacas pero si el misterio y la firmeza de un detective que domina el acercamiento a los sospechosos para obtener, siempre apoyado por la información que le proporciona la especial Koldobike, toda los datos necesarios para evaluar su culpabilidad o su implicación.

También el autor, nos lleva de la mano de su detective por las calles de su querido pueblo, nos enseña sus acantilados y pisamos con él  la arena la playa que guarda tantos secretos y conocemos a los sospechosos siempre desde  una entrañable y obligada distancia de la  relación del librero de Guecho con sus personajes y el  paisaje.

La trilogía que ha creado Ramiro Pinilla con  Samuel Esparta como protagonista y  que acaba desgraciadamente en esta novela merece la pena leerla porque su altura literaria hace la mejor la lectura  del  misterio y la investigación para desenmascarar al asesino.

Les invito a disfrutar leyendo esta buena novela policiaca de un autor español que está a la altura de los grandes, desde la sencillez de su protagonista.  

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