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Felipe Gallego

El OSO DE MARIAN ENGEL

Editorial: IMPEDIMENTA
ISBN: 978-84-15979-56-2
Páginas: 168
PVP: 20,95 €

Existe una gran fascinación sobre  esta novela entre las personas que la han leído y escrito  sobre ella. Me incluyo en la  larga lista. Está recién editada por Impedimenta. Su lectura es cautivadora por la sencillez  y plasticidad que la autora maneja en sus textos con  metáforas increíbles   para contarnos  una historia de amor trasgresora y obscena:
“Se vistió y pasó el resto de la noche tirada sobre la áspera yerba pantanosa. Las estrellas seguían cayendo. Siempre imposibles de alcanzar. Hacia el amanecer, el cielo mostró su remota, misteriosa aurora, verde y centelleante”
Cuando Marian Engel (1933-1985) publicó Oso en Canadá supuso todo un escándalo y, aun así, ganó el Governor General’s Literary Award for Fiction en 1976. Fue la primera mujer en tener un asiento en la junta directiva del sindicato de escritores de Canadá y en 1983 fue nombrada Oficial de la Orden Canadiense. Tres años después fallecía de cáncer en Toronto.

El libro es muy bonito, llegué a él por la recomendación de su editor que la presentaba como novedad en la Feria del Libro en Madrid, cuando lo compré disfruté de su cuidadosa  edición. La ilustración de portada, realizada por Gabriella Barouch, es una pequeña obra de arte en sí misma.
La historia nos habla  de la  estancia de  Lou en  la  isla Cary en el norte de Canadá donde, ella como bibliotecaria del Archivo Histórico canadiense,  ha de hacerse cargo de catalogar el  legado de un  Coronel fallecido.

Dentro de la isla de Cary hay una mansión: octogonal, luminosa, victoriana, diseñada al estilo de Fowler.    
Poco a poco descubrimos como la protagonista se deja llevar por una naturaleza que se apodera de su alma y de esa fascinación nace  el romance entre ella y un oso.
Una estancia limitada en el tiempo que terminará cuando cumpla con su misión de registrar los libros y las notas qué a modo de secretos desvelados  se iban desprendiendo de ellos conforme iniciaba su catalogación y los hojeaba.

Notas, mensajes del pasado que nos cuentan mucho más de los  habitantes de la isla y los constructores de la casa. Secreto puzle que la acercan cada vez a  desvelar la  naturaleza  de su integración con la isla.

Lou, se integra en esa isla que ha conseguido atraerla desde su cautiverio en la gran ciudad donde estaba encerrada en un sórdido sótano  catalogando  legajos  y fotografías  de las que las personas van desasiéndose donándolos  al Archivo, para formar parte de un lugar donde el silencio se escucha.

A lo largo de sus páginas  vamos descubriendo a una persona que en los primeros capítulos creemos una persona apocada, limitada por su quehacer minucioso y aburrido y  conforme se va desprendiendo de su absurdo pasado e inicia la   integración en la naturaleza  y progresa   el erotismo que le produce el contacto con el oso y la naturaleza, se completa como persona y se recupera para si misma.

¿Zoofilia?
“Era la noche de la lluvia de estrellas. Lo llevó a la ribera. Nadaron en el agua quieta y oscura. No jugaron. Fueron serios esa noche. Nadaron en círculos uno alrededor del otro, con solemnidad. Después regresaron a la orilla, salieron del agua, y él, en vez de sacudirse hasta empaparla, se echó a un lado de ella y lamió el agua de su cuerpo mientras ella, recostada sobre su espalda, miraba el cielo y dejaba que las estrellas le cayeran encima, una, dos, catorce, un millón parecía, listas para quemarla. Intentó tomar una con la mano –parecía tan cercana— pero el resplandor se desvaneció de su alcance y se perdió en la vía láctea.

Chirriaban los colimbos, y los chotacabras también.

Se sentó. El oso se sentó enfrente de ella. Ella se puso de rodillas y se deslizó hacia él. Cuando estuvo tan cerca como para sentir la humedad brillante sobre sus pechos, se montó en él. Nada sucedió. Él no pudo penetrarla y ella no pudo hacerlo entrar.”
No es una novela para todos los públicos pero si para todo al que le guste la buena literatura. Novela que se lee deprisa y que requiere una segunda lectura para disfrutar despacio.

George Steiner la calificó de una  “extraña obra maestra”.
Felipe Gallego

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