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Información adicional año nuevo chino 2018

A la poetisaLiuXiala pusieron en “arresto domiciliario” ilegal cuando se anunció la concesión del Premio Nobel de la Paz a su marido LiuXiaobo en 2010. Casi ocho años más tarde todavía permanece bajo estricta vigilancia policial. Su arresto domiciliario no lo dictaminó ningún juez, sino que lo decretó la policía, que la mantuvo en aislamiento, confiscando su móvil y cortando su contacto con el exterior.

La vigilancia de 24 horas solo se rompió en dos ocasiones cuando amigos y periodistas aprovecharon para hablar con ella. Associatedpress aprovechó para hacer una entrevista, tras 26 meses de arresto incomunicado. «Vivo en un lugar absurdo», decía llorando, «ni siquiera Kafka podría haber descrito algo tan absurdo e increíble como esto». En 2013 crece la preocupación por su estado mental.
En junio de 2013 escribe al presidente de China Xi Jimping diciendo:
“Soy LiuXia, ciudadana de la República Popular China. He perdido todas mis libertades personales y permanezco en arresto domiciliario desde octubre de 2010. Nadie me ha dicho las razones de mi detención. Lo he pensado una y otra vez. Quizás en este país es un “crimen” que sea la esposa de LiuXiaobo.”
El casi total aislamiento al que la sometieron durante cuatro años hizo que presentara signos de depresión severa y que finalmente, en febrero de 2014, sufriera un ataque cardíaco. Tras el tratamiento de emergencia, las autoridades se negaron a que permaneciera ingresada tal como indicaron los médicos, lo que provocó una protesta entre numerosos países. Desde diciembre de 2014 su situación ha mejorado, puede hablar por teléfono, hacer la compra, ir al médico y hacer alguna visita, pero continúa bajo estricta vigilancia policial en sus movimientos.
Ni tan siquiera después de la muerte de LiuXiaobo, en una situación que muchos consideran una falta de atención médica deliberada por parte de las autoridades, LiuXia ha recuperado la libertad de movimientos. En las actuales circunstancias su depresión se ha agravado suponiendo un alto riesgo.
En los últimos dos años han muerto sus padres y finalmente su marido Liu  Xiaobo. Desde la muerte de su marido ha permanecido la mayor parte del tiempo incomunicada y vigilada por las autoridades en lugar desconocido. La depresión que sufre ha evolucionado hasta un nivel de gravedad tal, que se teme por su vida.
En enero de 2018 el Ministerio de Asuntos Exteriores chino informó de que LiuXia gozaba de completa libertad y podía viajar al extranjero. Según el portavoz de ese Ministerio, “LiuXia es una ciudadana china y goza de todos los derechos de los ciudadanos chinos”. Sin embargo ésta es la versión oficial desde hace ya tiempo. A pesar de haber intentado verificar este anuncio a través de diversas fuentes, no se ha podido constatar que esto sea cierto. Por el contrario, de acuerdo con fuentes fidedignas, LiuXia continúa estrictamente vigilada por funcionarios de la seguridad nacional y únicamente puede ser visitada por sus amigos más próximos y en circunstancias limitadas.
Ni Yulan, abogada que ha hecho campaña contra los desalojos forzosos y otras violaciones del derecho a la vivienda en China, encarna la resistencia de quienes defienden los derechos humanos y luchan cada día contra la injusticia. Ni Yulan y su familia presenciaron la demolición de su vivienda poco antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín. No iba a dejar que eso ocurriera sin decir nada. Opuso resistencia, concienciando a los vecinos sobre sus derechos y defendiendo a otros residentes desplazados.
Su activismo no pasó inadvertido a las autoridades chinas, que no tardaron en detenerla y encarcelarla sólo por defender el derecho a la vivienda. Ni Yulan sufre problemas respiratorios, cardiacos y digestivos. En 2002, las autoridades revocaron su licencia para el ejercicio de la abogacía en represalia por su trabajo de derechos humanos. El mismo año la detuvieron, y la policía le infligió brutales torturas rompiéndole los pies y las rodillas, dejando a Ni Yulanpostrata postrada en una silla de ruedas para siempre.
Tanto ella como su familia han pagado un alto precio por su trabajo. En abril de 2011, La policía la detuvo de nuevo junto a su marido Dong Jiqin. Para Amnistía Internacional las autoridades actuaron contra la pareja por la actividad de Ni Yulanpara proteger los derechos humanos en China y por su labor de asistencia letrada gratuita, con gran riesgo para ella. El juicio del matrimonio tuvo lugar el 29 de diciembre de 2011 en el Tribunal Popular del Distrito de Xicheng de Pekín. En el juicio no se cumplieron las normas internacionales sobre garantías procesales.
Ni Yulan fue condenada a dos años y ocho meses de cárcel por “buscar pelea y provocar problemas” y “fraude”. Desde entonces, ella y su familia han estado sometidos a permanente vigilancia, hostigamiento y restricciones de su libertad de movimiento. Han desahuciado a la familia muchas veces – desde 2013, siete veces- por los propietarios, agentes inmobiliarios o la propia policía, que incluso llegó a presionar a posibles arrendadores para que no les alquilaran la casa.
El caso de Ni Yulan es un claro ejemplo del ambiente hostil en el que viven y hacen su trabajo quienes defienden los derechos humanos. Independientemente de los temas en los que trabajan, las defensoras y defensores se enfrentan a represalias del gobierno solo por hacer preguntas a las autoridades o por pedir que los funcionarios rindan cuentas ante las leyes y normas internacionales de derechos humanos o las propias leyes chinas.
Las represalias incluyen vigilancia continuada, prohibición de viajar, hostigamiento, intimidación y amenazas a familiares, detención, tortura o encarcelamiento. El gobierno chino viene reduciendo el espacio de actuación de la sociedad civil con una legislación cada vez mas restrictiva y dando un alto grado de discrecionalidad a la policía en sus actuaciones represivas.

Redacción

 

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