Representatividad y espacios de simulación

En sociología y política, la representación es el acto de un mandatario legislador el cual ejerce el mandato de personificar, actuar en lugar de, en nombre de, o cuidar y exponer intereses, necesidades y quejas de sus mandantes representados ante un Cuerpo legislativo que trata de reproducir a la sociedad civil, además de cumplir las promesas de su programa político por el cual ha sido elegido por sus electores, todo esto bajo un sistema que garantice estos resultados.


Una vez aclarado lo que es representar a otra persona o un grupo de personas y ya tenemos claro qué es la representación, pasemos a la representatividad. Pues bien, si ese conjunto de actuaciones corresponde a los intereses comprometidos hacia el representado, el representante tendrá representatividad hacia sus representados, es decir cumple con lo prometido.
En nuestro sistema democrático los ciudadanos elegimos a nuestros representantes, pero son luego ellos mismos lo que forman un gobierno de un color u otro, o simplemente no lo forman y nos abocan a la situación en la que nos encontramos actualmente en el país.
Acabada la simulación de elecciones democráticas queda el día a día; y es entonces cuando lo que toma importancia es la representatividad del político hacia quien lo ha elegido. Cada día es más evidente que los beneficios de esa representatividad recaen sobre los jefes de partido y no sobre los votantes. La falta de representatividad de los políticos respecto a los intereses de los ciudadanos provoca la conocida desconexión entre el político y sus no-representados. Por eso nosotros tenemos la impresión de que viven en otro mundo.
Pero este sistema partidocrático es un arma de doble filo porque también debilita el poder de Estado. Es evidente que el gobierno no está verdaderamente respaldado por el pueblo, ya que carece no solo de representación de los ciudadanos sino también de representatividad. Este vacío de poder es aprovechado por otros grupos oportunistas que se encuentran cobijados entre nosotros y salen cada vez que no se expresa la significación de la democracia para manipular, intentar socavar la acción de la sociedad y apropiarse mediante acciones que no suelen ser aisladas de una representatividad que no tienen.
Hace unos días hemos vuelto a votar, por segunda vez, algo que está siendo ya casi habitual en los últimos años. Y como no puede ser de otra manera, salen a la palestra las palabras del gran filósofo y escritor José Luis Sampedro que da nombre a nuestro más antiguo IES en el que tuve la oportunidad de estudiar.
Decía Sampedro que no estamos preparados para pensar, que ante unas elecciones votamos sin reflexionar, introduciendo los conceptos que nos gobiernan al contraponer “opinión pública vs opinión mediática”.
Las campañas no cumplen su función, dudamos de que los partidos la cumplan, pero constantemente los gobernantes nos echan la pelota a nuestro campo para que seamos los responsables de lo que pase pero no participemos directamente de las decisiones.
Hace días el propio presidente en funciones puso en duda la división de poderes al insinuar que la fiscalía sigue directrices del gobierno.
Hoy tras las elecciones repetidas, se anuncia un pacto de la “izquierda” y las voces discordantes son generalizadas. Se cuestiona que se llegue a un acuerdo express cuando antes no se hizo, se cuestiona la representatividad, se alude a que gobiernen los más votados. ¿Cuál es la situación ideal? ¿Qué es lo que piensa la sociedad civil?
La respuesta está en la calle, y solo tenemos que pulsarla, los ciudadanos decimos que “no nos representan”, pero deciden en nombre nuestro y lo que más llama la atención es que eso si que no lo ponemos en duda. Así es que, volviendo a parafrasear a Sampedro, solo nos queda “dar la batalla, se gane o se pierda, porque eso nos ratifica”.
¿Vamos a dar la batalla?

Jóse Carlos Ballesteros Luque

Compartir este artículo