UNA PANDEMIA QUE NOS RETRATA COMO SOCIEDAD

Creíamos en Junio que el maldito Covid-19 estaba casi vencido; habíamos recuperado casi la vida normal y afrontábamos el verano con aire vacacional y ganas de despejar las telarañas de casi 4 meses de confinamientos y restricciones. Nos habían advertido de que el Otoño podría traer una nueva ola pero apenas lo creíamos y en todo caso lo veíamos muy lejano; ahora tocaba relajarse, recuperar algo del disfrute perdido, volver al trabajo y entrar en la normalidad que el virus se había llevado; sería una “nueva normalidad” pero creíamos que sería como lo anterior con alguna restricción. Además nos estaban contando que la vacuna podría estar lista para Noviembre de este año y creímos que el riesgo estaría bajo control; quisimos creerlo y nos relajamos.


Pero el verano empezó a torcerse y el rebrote se adelantó. Teníamos tanta prisa por recuperar lo perdido, tantas ganas de olvidar que pusimos los deseos por delante de la realidad. Con el relajo veraniego se nos olvidó hacer los deberes. Y el resultado lo estamos sufriendo severamente ahora.
España está casi en su totalidad confinada, la Sanidad cercana al colapso, la economía en caída libre y la ciudadanía desconcertada, agotada y sin saber a quién creer ni qué hacer. Hay razones para la desesperación porque el futuro pinta muy mal, y además esta nueva ola nos sorprende con la ciudadanía en pleno desconcierto y fatiga general.
Pienso en qué nos está pasando y me parece que el virus está poniendo al aire nuestras vergüenzas políticas, sociales, sanitarias, culturales y económicas. Hemos vivido pensando que éramos un gran país, con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, con una ciudadanía consciente y educada, y unos políticos competentes y eficaces. Parece que poco de eso es cierto y el virus está desvelando nuestras carencias y vicios, y nos llama a corregir muchas cosas. Las razones de esta lamentable situación nos son muy próximas y las conocemos bastante bien: una Sanidad Pública desmantelada; una clase política clientelar, extractiva e incompetente en su gran parte; un país desestructurado, con muchos problemas sin resolver; una economía que lleva pidiendo cambios de orientación que no se abordan desde hace muchos años; una ciudadanía desconcertada y desestructurada que no sabe a qué carta quedarse y está al borde de la desobediencia general, entre otras muchas cosas.
El postre de este menú indigesto nos lo sirven esos movimientos negacionistas de la pandemia que unidos a extremistas de colores varios están regando el país y gran parte del mundo de un populismo global que sólo conduce a agravar una situación muy grave por sí misma.
Seguimos esperando que el gobierno y la administración nos saquen de este maldito embrollo; es su obligación, por eso pagamos impuestos, pero ya hemos visto cómo fallan día tras día, siguen en sus luchas políticas, buscando muchos réditos políticos o económicos y olvidándose de que los elegimos para gobernar, no para llevarnos al caos y la desesperanza. Esperamos respuestas, pedimos que hagan algo por nosotros y tenemos razones para ello pero también deberíamos preguntarnos qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar las cosas, para no añadir más dificultades al sistema y al menos respetar lo poco que están haciendo bien y comportarnos como ciudadanos responsables y respetuosos.
Y ¿Qué podemos hacer a nuestro nivel?. Parecería a primera vista que la solución de todo eso está fuera de nuestro alcance pero no debemos olvidar que está sociedad tan deficiente que tenemos es hija de nuestras actitudes y compromisos como ciudadanos. Al menos podríamos pensar en cosas aparentemente nimias pero importantes que podemos y deberíamos hacer como nuestra pequeña contribución a mejorar las cosas: reflexionar y tener criterio propio sobre lo que sucede; entender que la aparente contradicción entre Sanidad (derecho a vivir) y Economía (derecho a comer) no es un antinomia sino que exige un compromiso y equilibrio entre ambo términos; rechazar el juego de los políticos y exigirlas que sean un elemento de solución y no un problema añadido; protestar y exigir a la Administración lo que debería hacer y no hace; comportarnos como ciudadanos honrados, respetuosos y comprometidos, no como hooligans irreflexivos y seguidores de eslóganes facilones y demagógicos; no hacer caso a las redes sociales, que con frecuencia esconden interese oscuros que desconocemos; etc.
El futuro inmediato no pinta bien. Hagamos por nuestra parte lo que podamos para que el futuro de nuestros hijos y nietos sea algo menos negro. Muchos de nosotros ya hemos recorrido el camino que la vida nos reservaba. Demos paso a los que nos suceden.

Vicente Ausín Alonso
Presidente de la Universidad Popular Carmen de Michelena

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