MEMORIA HISTÓRICA. PARA QUE NO SE OLVIDE

Autor: Conrado Granado Vecino
Editorial: Asociación Cultural y Científica Iberoamericana.
Primera edición: noviembre 2020.
ISBN: 978-84-17867-73-7.
Depósito legal: M-24324-2020.
P. V. P.: 25 euros.
Precio digital (e-book): 6 euros.
Disponible en papel y digital en las principales librerías físicas y online.

Cuando han pasado ya 84 años del comienzo de la llamada Guerra Civil para unos, o Glorioso Alzamiento Nacional para otros, publico ahora esta obra, MEMORIA HISTÓRICA. PARA QUE NO SE OLVIDE, que pretende ser un a modo de gran reportaje periodístico acerca de lo que sucedió en aquellos años de entreguerras y posguerra, cuyo desarrollo y desenlace tuve ocasión de conocer a mediados de los años noventa del pasado siglo a través de miles de documentos originales consultados en el Archivo General de la Administración (AGA) de Alcalá de Henares (Madrid), lugar en el que llevé a cabo una labor de investigación.

Acerca de cómo vivía el llamado pueblo llano dedico un capítulo en el que se describen las historias más insospechadas en un país en el que las venganzas podían estar a la orden del día, en el que una denuncia podía acarrear consecuencias muy graves, mientras algunos buscaban enchufes de por vida. Era aquella una España en la que los profesores eran expulsados de la universidad por ser considerados “rojos” peligrosos, mientras que al mismo tiempo existían vividores de todo tipo y condición en aquella especie de corte de los milagros, de estraperlo y contrabando, donde la Sección Femenina hacía su estilo de caridad uniformada, mientras que las familias podían quedar rotas para siempre por la frontera de la guerra o las desavenencias políticas.

El bando perdedor iba a perderlo todo, en muchos casos hasta la vida, junto a sus bienes y pertenencias, que aparecerán en los documentos oficiales con la denominación de “incautación” o “presa del enemigo”. Por su parte, para el bando vencedor se trataba al fin y al cabo de la recompensa por el hecho de haber ganado una Cruzada y salvado a España del terror rojo, por lo que resultaba lógico hacerlo para, según consta en documentos, “resarcir las arcas del nuevo Estado”, y por otro lado “para que pagaran con sus bienes los males y prejuicios que habían causado al país por haber estado en contra del Glorioso Movimiento Nacional”. Puestos manos a la obra, la Junta de Defensa Nacional, con sede en aquellos momentos en Burgos, emitirá el Decreto número 108, de 13 de septiembre de 1936, declarando fuera de la ley a las organizaciones integrantes del Frente Popular.

Los empresarios supieron estar siempre al sol que más calienta, y los tiempos de la Guerra Civil y posguerra no iban a ser una excepción, ya que olieron muy pronto quién iba a ganar dicha guerra, cosa que para algunos resultó ser un gran negocio. Lo que nunca pudieron llegar a imaginarse dichos empresarios españoles era que el nuevo Régimen no se fiaba de ellos, como tampoco se fiaba de nadie, por lo que serían vigilados constantemente.

Resulta difícil saber a ciencia cierta cuántos fueron los condenados a muerte por el nuevo Régimen franquista, pero debieron ser centenares, miles, si nos atenemos a los documentos consultados. Lo cierto es que en los primeros años de la posguerra el bando vencedor hizo una especie de “limpieza étnica” sobre los que consideraban “rojos”, es decir, gente para ellos muy peligrosa. A modo de ejemplo, a través de los documentos consultados podemos saber hoy que a fecha 21 de abril de 1943 había en las diferentes cárceles españolas un total de 927 presos esperando en el conocido como Corredor de la Última Pena, pues así se denominaba el pasillo que hacía las veces de antesala o Corredor de la Muerte, donde aguardaban los presos el momento para ser ejecutados.

Tras la llamada Cruzada salvadora, España se convertiría oficialmente en un país “católico, apostólico y romano”, ya que la Iglesia Católica como tal había jugado su papel durante la contienda al lado del vencedor, y lógicamente pareciera llegada la hora de recoger el fruto o recompensa. Fue toda una toma de postura clara hacia el levantamiento la carta escrita en su día por el Episcopado español, que vino a ser una especie de salvoconducto eclesial, una bendición para los sublevados. Estas son textualmente las palabras del cardenal primado Isidro Gomá, de Pamplona, pronunciadas en el año 1937: “Toda criatura tiene derecho a entrar en guerra contra otra cuando esta última se pone en guerra contra Dios”.

En el año 1940 se creará el llamado Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, donde dicha masonería sería juzgada, condenada y declarada fuera de la ley, y por tanto expoliada, siguiendo sus bienes un curso similar al de las organizaciones que habían formado parte del Frente Popular. Muchos de sus miembros acabaron en la cárcel, habiendo entre ellos profesionales de toda índole, ya que la llamada logia Flor de Lis española tenía ramificaciones en todos los ámbitos de la sociedad. Lo que nunca pudo llegar a imaginar el Régimen franquista es que la masonería le iba a devolver la estocada infiltrándose en el mismo y conociendo sus secretos de primera mano.

La nobleza ha formado parte a través del tiempo de la sociedad española, conformando de alguna manera el paisaje y paisanaje hispano, si bien hay que advertir que en los años a que se refiere este trabajo tenía sus modales, su particular modus operandi, por lo que supo jugar su papel, intentando ante todo proteger sus intereses. Durante estos años de entreguerras y posguerra la nobleza supo llevarse bien con el Régimen, entre otras cosas porque éste respetó sus prebendas, cosa que le vendría muy bien en el futuro del nuevo amanecer…

Tras miles de documentos consultados, puede decirse que los españoles estuvimos vigilados, observados, controlados, durante los cuarenta años del Régimen franquista. Los primeros años de la posguerra fueron los más duros en cuanto al control se refiere, si bien la vigilancia permanecería alerta hasta bien entrados los años setenta del pasado siglo. Se espiaba en la universidad, en el cooperativismo y en el nacionalismo, en las empresas, en las multinacionales. El Ojo del Gran Hermano no descansaba ni de día ni de noche.

Aunque ganaron las últimas elecciones democráticas celebradas durante la República, las organizaciones integrantes del Frente Popular perdieron la guerra, “delito” por el que habrían de pagar un alto precio, quedando proscritas de por vida. Las integrantes de dicho Frente Popular eran una serie de organizaciones que en 1935 habían llegado a un acuerdo para presentarse con tal denominación a las elecciones celebradas en febrero de 1936, triunfando frente a la CEDA de Gil Robles. Pero su victoria se iba a convertir a renglón seguido en derrota, tras la publicación del citado Decreto número 108 por parte de la Junta de Defensa Nacional.

“La Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista es una entidad política de carácter nacional, creada por Decreto de 19 de abril de 1937. En esencia, es una organización intermedia entre la sociedad y el Estado, que se rige por los Estatutos aprobados por Decreto de 31 de julio de 1939”. Así se definía oficialmente a FET-JONS, organización conocida popularmente como la Falange, que venía a ser una figura política dentro del Régimen. A la luz de los documentos oficiales de la época, la Falange lo era todo: una especie de estado dentro del Estado, el único partido político permitido.

El nuevo Régimen franquista era consciente del poder de los medios de comunicación, sabedor de lo que significaban tanto la información como la manera de utilizarla. En este sentido, los medios incautados a los vencidos se convertirían en uno de los trofeos más importantes, ya se tratasen de periódicos, radios, imprentas o maquinaria, etcétera. El Ministerio del Interior dictaría una Orden el 10 de agosto de 1938 por la que se decretaba la intervención de todo el material de imprenta que apareciera en las “plazas liberadas”; es decir, en todo el territorio, pasando a formar parte del patrimonio de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET-JONS, encontrándose la Falange en consecuencia con un inmenso patrimonio sobre el que montó la llamada Prensa del Movimiento.

Estos son, a grandes rasgos, entre otros, los temas que verán la luz en esta MEMORIA HISTÓRICA. PARA QUE NO SE OLVIDE, en un tiempo aquel en el que vencedores y vencidos, cada uno con sino, tuvieron que afrontar el papel que sus circunstancias les deparó. Los documentos existentes en el Archivo General de la Administración (AGA) de Alcalá de Henares son testigo de todo ello, por lo que como periodista, en este caso en labores de investigación, me he limitado a dar fe de todo ello cual escriba que deja constancia de lo acaecido.

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