La dificultad para guardar secretos y la personalidad

Cuando compartimos una información que sólo unos pocos conocen, estamos dándole un valor especial al confidente. Le estamos diciendo que confiamos en él, e incluso al contarle un secreto nos ponemos en sus manos. Nos puede hacer quedar mal si se difunde y lo acaban sabiendo otras personas que no deben. Cuando los secretos dejan de serlo porque alguien se fue de la lengua, se generan decepciones, enfados y dudas sobre el valor de la amistad con esa persona.


Realmente guardar secretos es complicado para algunas personas. Saber algo que no conocen los demás es como tener una moneda que puede usarse a cambio de relevancia en el grupo, como muestra de valor hacia otras personas… Dependiendo del valor de cada secreto, así se se puede conseguir mayor o menor cercanía y valoración por parte de los demás.
En primer lugar hay que tener en cuenta que si comparte un secreto con alguien porque es su mejor amigo, no significa que él sienta que es su único amigo. Puede tener más personas de confianza a parte de usted. Puede valorarle mucho, pero si decide que otro amigo merece un secreto como muestra de afecto y reconocimiento, puede ser que al final lo cuente a alguna otra persona. Lo normal es que lo haga con la certeza de que no saldrá de allí, pero… nunca se sabe si la cadena continuará.
Compartir un chiste puede tener un efecto liberador para el que lo cuenta.
El fortalecimiento de las relaciones. Ya lo había introducido este aspecto antes, contar un secreto potencia las relaciones y por tanto hace más probable el compartir secretos si la persona necesita potenciar una amistad. Tanto si el secreto es por algo propio o por algo que alguien ha hecho o dicho, como por si el secreto es de otro, compartirlo genera un acercamiento entre las dos partes. Se puede generar una sensación de ser especial, se puede provocar una conversación divertida, se potencia la broma, puede ayudar a reflexionar sobre una experiencia fuera de lo habitual, incluso una razón para hablar más con el confidente y potenciar la amistad…
Cuando compartimos información privada y conseguimos ese estado de bienestar con el confidente, es fácil adornar el relato con interpretaciones, valoraciones y matices que sean de nuestra cosecha. Hacerlo a veces le da más credibilidad al testimonio. Se eliminan datos que no se saben bien o se añaden otros para darle sentido a toda la historia. Cuando ocurre esto se crea algo nuevo. Ya no hablamos de un secreto propiamente sino de rumores, bulos e incluso leyendas urbanas (cuando su trascendencia se hace interesante para un gran público). Pasan de uno a otro como algo que alguien ha contado en confianza y que por ser así ha de ser cierto.
A quienes les va a costar más guardar un secreto es a personas que necesitan ganarse la confianza de otras, quienes se sienten solos, quienes buscan la broma y la complicidad como manera de pasar un buen rato, y a aquellos que no valoran como algo especial saber algún secreto.

Fernando Azor

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