Adobes y cantos y muchos ladrillos

Querido Jesús Moreno:

Yo soy una de esas personas que no le votó en las pasadas elecciones municipales.
Recuerdo que me levanté temprano aquel domingo del 26 de mayo y fui de las primeras votantes en llegar al colegio y depositar el voto.

Luego, tras cumplir con las urnas, ya de paseo por la Avenida de Colmenar Viejo, me vinieron a la cabeza aquellos días previos en los que la ciudad entera parecía temblar al ritmo desacorde, delirante y espantoso impuesto por las máquinas taladradoras que habían invadido Tres Cantos. Todo estaba levantado (calles, aceras, paseos…) con la sola intención de vociferar a pecho descubierto el gran esfuerzo que se estaba realizando para conservar las zonas más visibles de la ciudad. Si las reformas eran o no necesarias, daba igual. El objetivo era otro y la fórmula mágica para ganar nuevamente las elecciones no debía adulterarse:
“obras y una fuentecilla”.

Y entonces, por eso, entristecí. (Pese a todo ello, permítame el paréntesis, reconozco la buena campaña realizada por su equipo y el ahínco que puso Usted mismo, yendo a la desesperada, para interpretar públicamente su modelo de ciudad).

Con el paso calmado, rememoré durante unos instantes –divina voz de la niñez– aquella cancioncilla de Guillermín el de mi pueblo, vecino mío, tapia con tapia, corral con corral, y ese entusiasmo con el que el desmañado muchacho canturreaba repetidamente la misma frase:

“Adobes y cantos y muchos ladrillos”. Sólo eso. Nada más. Adobes y cantos y muchos ladrillos. Naturalmente, aquella cantinela provocaba la risa de todo el pueblo, y a mis hermanas y a mí nos parecía una canción ridícula, demasiado simple e inacabada.

Seguramente, si Guillermín hubiera visto aquella algarada de pavimento, adoquines, piedras y baldosas, hubiera encontrado en Tres Cantos el decorado perfecto a su cancioncilla. Nunca supimos qué pretendía explicar con esa frase musicada, ni qué fue lo que provocó el origen de la misma. Pobre Guillermín. Inolvidable Guillermín. Ninguna de nosotras podrá olvidarte.

Más tarde, en la Avenida de los Encuartes me encontré con un matrimonio conocido que también iban a votar. Ella llevaba en su mano una revista abierta en cuyas páginas se apreciaban fotografías y dibujos de algunos edificios. La mujer percibió mi interés por lo que ahí se mostraba y, sonriendo, me la ofreció. “Son las futuras construcciones faraónicas. Justamente lo que necesitamos ahora”, dijo. Y la sonrisa se tornó en sonora risotada. Eché una ojeada a la revista: “PARANINFO” y “METROPOLITAN PARK”. Praderas, quioscos, zonas infantiles, senderos para ir a caballo, arroyos, cauces, veredas, teatros, campo de pitch and putt… “God save the Queen !!!” –Exclamé–“Metropolitan Park y pitch and putt !!!” Y entonces, por eso, desolé.

Sería ya medianoche cuando me enteré de los resultados electorales: las urnas habían dado al Partido Popular, contra todo pronóstico, la mayoría absoluta en Tres Cantos. Nadie, ni siquiera el propio partido ganador, esperaba que los astros pudieran conjuntarse (y conjurarse) para que el eslogan “A Jesús Moreno, ¡Sí!”, quedara escrito en el Olimpo de los dioses. Enhorabuena, se lo digo sin acritud. Pero ojo, las mayorías absolutas las carga el diablo, y sé muy bien de lo que hablo. Créame, amigo Jesús, aunque a mí también me chocó tan abultado resultado no me extrañó sin embargo. Usted ha conseguido imponer un modelo de ciudad que ha prendido en la gente de aquí No es un patrón novedoso, ni mucho menos. Se trata de un estándar tan arcaico como el primer Paraninfo de la historia. En nuestra sociedad actual, este modelo se asocia y convive con lo que denominamos “ciudades dormitorio”. Y está muy bien: parques y columpios de colores, zonas ajardinadas (aunque las plantas no se adapten al clima y perezcan de infortunio en el intento), sectores re-novados, calles y plazas aseadas, etc. Repito, todo muy bien, salvo la poca implicación de la gente en cuestiones sociales de interés común.

Porque, déjeme que le explique Señor Alcalde: a esta ciudad nuestra le falta  ALMA. Necesita alegría en todas las calles, escasea el entusiasmo en las plazas aseadas, adolece de vida en los sectores re-novados (sí, re-novados) y carece de duende en los parques y zonas ajardinadas. No hay pasión. Padece somnolencia. Falta pueblo en la  ciudad.

No sé si me explico con claridad. Para que Usted me entienda: yo puedo tener una casa extraordinaria, con un amplio hall de entrada y dos espejos, con suelo de tarima flotante y maciza, con puertas lacadas en sueños de satén. Puedo tener una amplísima cocina, un sorprendente salón con lámpara de araña y lágrimas de diosa egipcia, y unos dormitorios de acabado paradisíaco. Pero, si no tengo comida en el frigorífico, ni reservas en la despensa, si no tengo ropa en los armarios, me falta lo esencial. Si no tengo ni una simple foto de familia en la mesilla de noche, un cuadro representativo en las paredes y una decoración que me aporte serenidad y confort…, podré tener casa, pero no tengo hogar.

Querido Jesús Moreno, aunque la gente ha votado en clave “ciudad dormitorio”, quiero que conste una y mil veces: siempre defenderé que los ciudadanos, como soberanos que son, puedan elegir la opción que más les convenga. 
Están en todo su derecho. Faltaría más. Todavía podemos elegir nuestro futuro. Y no seré yo quien critique su decisión en las urnas.


Solo intento transmitir, amigo Jesús, que Usted no le ha mostrado a Tres Cantos todas las cartas de la baraja política. Ha escondido varios ases con los que antes, me consta, se jugaba. ¿En qué han quedado las áreas sociales, otrora tan importantes? Juventud, Mujer, Servicios Sociales, Cultura, Discapacidad, Ayuda al Inmigrante, Participación Ciudadana… no son ahora sino cartas menores. Todas ellas han quedado fuera del hogar, durmiendo en la calle, limpia y asfaltada, sí, pero tiritando de frío. 

Y volví a evocar el ripio de Guillermín el de mi pueblo: “Adobes y cantos y muchos ladrillos”.

Y entonces, por eso, lloré.

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Buzón de los Tricantinos

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